lunes, 10 de febrero de 2014

La lección de la Mariposa. Reflexión

 

 Vuela alto y aprende a ser feliz con poco.

Un día, una pequeña abertura apareció en un capullo. Un hombre se sentó ante él y observó durante varias horas cómo la mariposa se esforzaba tratando de que su cuerpo pasase a través de aquel pequeño agujero. Entonces, le pareció que ella sola ya no lograría ningún progreso. Parecía que había hecho todo lo que podía, pero no conseguía agrandarlo. Entonces el hombre decidió ayudar a la mariposa: tomó unas tijeras y cortó el resto del capullo.
La mariposa entonces, salió fácilmente. Pero su cuerpo estaba atrofiado, era pequeño y tenía las alas aplastadas. El hombre continuó observándola porque él esperaba que, en cualquier momento, las alas se abrirían, y se agitarían, y serían capaces de soportar el cuerpo, que a su vez se iría fortaleciendo.
Pero nada de eso ocurrió. La realidad es que la mariposa pasó el resto de su vida arrastrándose con un cuerpo deforme y unas alas atrofiadas. Nunca fue capaz de volar. Lo que aquel hombre no comprendió, a pesar de su gentiliza y su voluntad de ayudar, era que aquel capullo apretado que observaba aquel día, y el esfuerzo necesario para que la mariposa pasara a través de aquella pequeña abertura, era el modo por el cual la naturaleza hacía que la salida de fluidos desde la mariposa llegara a las alas, de manera que fuera capaz de volar una vez libre del capullo.
En su afán de ayudar, de evitar un esfuerzo, o un sufrimiento, la había dejado lisiada para toda la vida. Algo parecido sucede a veces en la educación de las personas. Algunas veces, el esfuerzo es justamente lo que más precisamos en algunos momentos de nuestra vida. Si pasásemos a través de nuestra vida sin obstáculos, eso probablemente nos dejaría lisiados. No seríamos tan fuertes como podríamos haber sido, y nunca podríamos volar.
Esto puede aplicarse también a la oración. Pedí fuerzas... y Dios me dio dificultades para hacerme fuerte. Pedí sabiduría... y Dios me dio problemas para resolver. Pedí prosperidad... y Dios me dio un cerebro y músculos para trabajar. Pedí coraje... y Dios me dio obstáculos que superar. Pedí amor... y Dios me dio personas para ayudar. Pedí favores... y Dios me dio oportunidades.
Quizá incluso no recibí nada de lo que pedí... pero recibí todo lo que precisaba.

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